El sol: mitos y verdades – Parte 1

En este artículo hablaremos sobre un tema muy contrevertido. La relación entre la salud y el sol. Veremos si es verdad que el sol puede provocar cáncer y que beneficios tiene la exposición solar.
Escrito por: Toni Pueyo
Tiempo de lectura:
23 minutos

En este artículo vamos a hablar sobre uno de los temas más controvertidos en cuanto a lo que la salud se refiere. El sol. 

¿Es malo tomar el sol? ¿Produce cáncer como dicen? ¿La falta de exposición solar lleva a la enfermedad? ¿Qué nos aporta el sol aparte de vitamina D? ¿Por qué hay tanto déficit de vitamina D? Todo esto y mucho más es lo que abordaremos, así que si te interesa saber si tienes una buena relación con nuestro astro rey, sigue leyendo 🙂 

Mitos y verdades sobre el sol

¿Qué es el sol? 

El sol es una estrella, que se encuentra en el centro del sistema solar, dentro del cual estamos nosotros, en nuestro querido planeta tierra. 

Las estrellas son cuerpos celestes, compuestos por hidrógeno y helio, que producen luz y calor.

En lo que a nosotros se refiere, el sol es fundamental para la vida. Sin sol, en el planeta tierra, no habría vida tal como la conocemos.

¿En qué nos afecta a nosotros el sol? 

Cada animal tiene una relación diferente con el sol. Las plantas lo necesitan para realizar la fotosíntesis, los reptiles para regular su temperatura corporal, ¡hasta incluso las medusas pueden alimentarse de los rayos del sol!

Nosotros, como seres humanos, necesitamos el sol para la síntesis de vitamina D, regular los ritmos circadianos, favorecer la correcta circulación sanguínea, producir hormonas, mantener a tono nuestro sistema inmune, etc. Por lo que escondernos del sol no parece buena idea. 

El sol trae vida a nuestro planeta, y a nosotros, exponernos con regularidad, nos da mejor salud, tanto física como psicológica.  

Vamos ahora a ver los diferentes mitos y verdades relacionados con el sol y nuestra exposición a él.  

El sol, fit and friends

Mito: El sol da cáncer

Empezamos fuertes. ¿Es cierta esta afirmación? Primero vamos a entender que es el cáncer. 

Nuestro organismo dispone de un sistema que se llama apoptosis (o muerte celular programada), este sistema sirve para que el organismo pueda deshacerse de células que son innecesarias o sufren anomalías. Esto permite dar lugar a células jóvenes y renovadas y evitar perder la salud. 

En ciertas ocasiones el sistema de apoptosis del organismo falla, dando lugar a lo que conocemos como cáncer, un conglomerado de células “malignas” inmortales que no paran de crecer y reproducirse. Inmortales siempre y cuando no se revierta el proceso, claro está. 

¿Qué es lo que provoca que este sistema falle y aparezca el temido cáncer? 

Los mayores causantes del fallo de este sistema, y por ende de la aparición del cáncer, aunque a muchos les pese, son los hábitos de vida. La gran mayoría de cánceres vienen provocados por factores ambientales, no por factores genéticos. 

Tú puedes tener una genética con mayor predisposición a sufrir esta patología y no llegar a experimentarla nunca, y al revés también. 

Lo que va a hacer de disparador es un conglomerado de factores ambientales, tales como la dieta, la actividad física, los hábitos tóxicos, la contaminación, la exposición a radiaciones y luces artificiales, la mala relación con el sol (ahora vamos con ello), la salud psicológica, el estrés, etc. 

El cáncer suele ser una enfermedad multifactorial, lo que significa que viene causada por una serie de factores, no uno solo. El tema está en que la gran mayoría de cánceres son evitables. Si llevas unos buenos hábitos de vida, respetando la naturaleza de tu organismo y su funcionamiento, tienes muy pocas posibilidades de padecerlo. 

Con lo que, aunque lamentablemente existan, muy pocas son las ocasiones en las que ha habido mala suerte. Que exista esa posibilidad, de que todo y tratar de hacer las cosas lo mejor posible, pueda aparecer la enfermedad, no justifica el dejarse llevar por un mal estilo de vida pensando que da igual lo que uno haga, que todo es cuestión de azar. En cuestión de salud, el azar es lo menos relevante. 

Artículo sol

Ahora sí, vamos a hablar sobre el sol y el cáncer. ¿por qué se dice que el sol da cáncer? 

El melanoma, o cáncer de piel, es un cáncer que afecta a las células de la piel, y se suele asociar a la exposición solar. ¿Pero qué hay de verdad en esto? 

Recordemos porque sucede el cáncer. Serie de factores que afectan negativamente a la salud, dando lugar a la aparición de la enfermedad. Estos factores suelen ser, hábitos tóxicos, mala alimentación, sedentarismo, FALTA DE EXPOSICIÓN SOLAR, estrés, etc. 

Se dice que el sol da cáncer porque se asocia la aparición de melanomas con la exposición excesiva a los rayos ultravioleta (UV). Pero, ¿cómo se ha llegado a la conclusión de que los rayos UV dan cáncer? 

Las conclusiones para afirmar esto vienen a partir de estudios hechos con ratones (animales nocturnos), expuestos a rayos ultravioleta artificiales durante largas jornadas. 

Además, hay que tener en cuenta que dentro del espectro de luces que hay en la luz solar, los rayos UV son una muy pequeña parte. Muy lógico todo para afirmar que el sol da cáncer… 

Y más teniendo en cuenta que unos óptimos niveles de vitamina D (de la cual el sol es el principal sintetizador) protegerá nuestro organismo de padecer todo tipo de enfermedades, el cáncer incluido. 

Y por si no fuera poco, se ha visto que la mayoría de personas que padecen cáncer de piel, suelen trabajar y vivir la mayor parte de sus días en interiores. ¿Curioso eh? En cambio, la gente que pasa la mayor parte de sus días en el exterior, tiene mucha menor incidencia. 

Espera, no entiendo, pero si el sol da cáncer, ¿por qué la gente que se expone con menos regularidad sufre más esta enfermedad, que los que se exponen más regularmente? Tranquilo/a, ahora vamos con ello. 

Entendamos de nuevo el cáncer. MULTIFACTORIAL. No hay un solo factor causante de la enfermedad. 

Si por ejemplo, tus niveles de inflamación sistémica están elevados por tus malos hábitos de vida, y sufres un shock traumático, vas a tener mayores posibilidades de padecer una enfermedad. El detonante ha sido el shock, pero el ambiente que tenías previamente era un caldo de cultivo para la aparición de esta. Ese shock causará muchas menores consecuencias si el organismo que lo recibe está saludable y rebosante de energía. 

¿Por qué la gente que vive y trabaja en interiores y casi nunca se expone al sol, excepto en las vacaciones de verano, es más proclive a padecer este tipo de cáncer (y cualquier otro)?

Muy sencillo. ¿Qué suele venir implícito en alguien que apenas ve la luz del sol? Pueden ser muchas cosas, pero vamos a poner un ejemplo que puede ser muy común. 

Me levanto por la mañana y lo primero que hago es coger el teléfono móvil y chequear el mail y las redes sociales durante un rato (exponiendo a los ojos a una carga de luz azul muy elevada en respecto a la cantidad que emite el sol a esas horas), cosa que ayuda a desregular los ritmos circadianos y probablemente a empezar mal el día al leer alguna que otra noticia catastrofista en Twitter o medios digitales. Empezamos ya de mal humor.

Después me aseo y voy a la cocina a desayunar, unas galletas con leche o en el mejor de los casos unas tostaditas con pavo (de ese rosa que rebota en el suelo, que tiene de todo menos pavo). Empezando ya el día con alimentos proinflamatorios. Después café con leche (de hacendaño) y a trabajar.

Cojo el coche y el poco sol que me da, es a través de las ventanillas del vehículo, las cuales bloquean los rayos que sirven como sintetizadores de vitamina D, llego al trabajo y me pongo delante del ordenador 4 horas, con esas maravillosas luces de oficina que emiten una cantidad de luz azul atronadoramente mayor que la luz solar, que sigue maltratando el funcionamiento de mi organismo.

Si tengo suerte y trabajo cerca de una ventana igual veo la luz del día, pero todo y así sigo sin sintetizar vitamina D al estar detrás del cristal (si puedes abre la ventana).

Después de esas 4 horas, me voy al bar de abajo a comer el menú del día, intento comer sano y pido ensalada de ventresca de primero y entrecot de segundo. Para acompañar un poco de pan (venía con el menú) y no tenían fruta de postre, así que pido flan casero (es casero ¿qué pasa?) y un café. Seguimos inflamando nuestro intestino, el cual, como ya bien decía Hipócrates, el considerado padre de la medicina, es la base de nuestra salud.  Su frase, “todas las enfermedades comienzan en el intestino”, escrita hace ya más de 2.000 años, tenía mucha razón. 

Después, con algo de somnolencia por la cantidad de pan que nos hemos comido, volvemos a la oficina a acabar de rematar las 4 horas que nos quedan para terminar. Otras 4 horitas expuestos a las luces blancas artificiales de oficina que destruyen nuestra producción de melatonina, estresados y sentados a la vez, delante de un ordenador.

A media tarde picoteo unos crackers integrales y un café para así poder hacer una pausa merecida de trabajar y relajarme (si, lo has adivinado, más inflamación intestinal) pero no pasa nada, solo quedan 2 horitas y ya puedo marchar (odiar el trabajo por cierto, aumenta el estrés, y por ende disminuye la salud). 

Hoy es martes, me voy a clase de spinning como todos los martes y los jueves, con unas luces psicodélicas de discoteca y música a toda castaña, que a última hora del día me van genial para despejarme del día laboral, hacer algo de deporte y acabar de eliminar cualquier posibilidad de producir la melatonina necesaria para dormir bien esta noche. Que si no tienes problema alguno para dormir está bien, pero mucha gente se ve muy negativamente afectada por este tipo de estímulos.

Después ya, hacia las 21 h llego a casa, me preparo la cena, me pongo una serie y ya me relajo. Ceno verdura y pechuga a la plancha, que estoy intentando cuidarme. Cómo la serie está muy interesante, me veo un par de capítulos más y se me hacen la 1h, además como había pasado rato de la cena me ha entrado hambre y he picado un poco de chocolate con leche y pistachos antes de ir a dormir.

Me he de levantar a las 7 h y me cuesta conciliar el sueño, no sé porque (en realidad si lo sabes, queda poco tiempo para la hora de despertar). Doy vueltas a la cama y seguramente me conseguiré dormir sobre las 2 h. Me despierto a las 5 a mear y luego tardo un rato en volverme a dormir. A las 7 suena la alarma y no puedo con mi vida. Necesito más café hoy  para así aguantar el día que me espera. Recordemos que la cafeína, tras 12 horas de su ingesta, aún permanece en casi un 50% en sangre. Con lo que a más café, menor facilidad para dormir profundamente y así solo aumentamos el bucle. 

Al no haber dormido bien, los procesos de recuperación y regeneración del organismo (incluida nuestra querida apoptosis) no han funcionado correctamente. No pasa nada, ya compensaré esta noche o el fin de semana, me digo a mí mismo (la realidad es que esta noche me voy a quedar a ver un par de episodios más…). Y esto repetido a lo largo de los días, semanas, meses y años tiene unas consecuencias tremendamente negativas sobre nuestra salud. 

Sí, quizás he sido un poco “bestia” con este ejemplo, o no, depende del prisma desde el que se mire, pero creo que no está muy lejos de la realidad de muchas vidas.

Es totalmente comprensible vivir con estos hábitos, ya que nuestra profunda desconexión de la naturaleza al vivir en las ciudades, como está planteado el trabajo y los horarios, la necesidad de la inmediatez, etc., nos lleva fácilmente a ello y no es fácil romper estos patrones.

Yo mismo en el pasado tenía comportamientos que atentaban contra mi salud, muy alejados de los actuales, y aún hoy en día, me quedan muchas cosas por corregir o mejorar. Se trata de aprender y adaptarse constantemente, explorar fuera de la zona de comodidad.  

Obviamente cada persona tiene una genética diferente y puede tolerar en mayor o menor medida este tipo de estresores, lo que está claro, es que merman la salud en todos los casos. Si tienes un «buen terreno» lo aguantarás más tiempo, si el terreno es delicado enfermarás antes. Y tener un terreno delicado no significa ser débil. Nuestros genes no han evolucionado tan rápido como si lo ha hecho la tecnología.

Si analizamos el caso planteado, vemos como en un día común, esta persona ha dormido muy poco, ha necesitado una dosis elevada de estimulantes para poder mantener su día con normalidad, afectando negativamente a la correcta liberación y equilibrio de hormonas como el cortisol (relacionado con la aparición de enfermedades como el cáncer), ha comido un exceso de harinas y azúcares y ha tenido una falta de grasas esenciales de calidad. Por suerte ha hecho ejercicio, pero no nos engañemos, 2 horas de spinning a la semana no compensan una vida sedentaria, y para acabar de rematar no ha visto la luz del sol en casi ningún momento del día más allá del camino en coche a través del cristal. 

Todo esto conlleva a medio plazo un déficit brutal de vitamina D, una inflamación sistémica peligrosa que va a aumentar las posibilidades de padecer cualquier tipo de enfermedad con mayor facilidad y mayor “virulencia”, tener unos ánimos más bajos que van a implicar unos pensamientos más negativos, que también empeoran la salud, menores niveles de energía, etc. 

Y esto, como bien comentaba antes con los hábitos de vida, es un caldo de cultivo para padecer cualquier enfermedad. 

Sol, fit and Friends

¿Entonces, qué pasa con el sol?

Muy sencillo, esta persona, con todo ese estado de salud subóptimo, cuando llega agosto, y tras 11 meses encerrado y expuesto a luces artificiales el 99% del tiempo, se va un mes de vacaciones a su pueblo de costa con su familia. 

Cómo lleva todo el año sin tomar el sol, se compra protección 50 para evitar quemarse, y se unta todo entero varias veces al día (durante las 6 horas diarias que va a la playa), con una crema solar hecha con filtros químicos (la mayoría), que se relacionan con el aumento de posibilidades de padecer cáncer. Sí, te dicen que te untes algo para evitar algo, que ese propio algo provoca, ¿qué bien eh? Pero tranquilo/a, ya te lo explico yo, por si aún no te habías dado cuenta. TU SALUD NO LES IMPORTA, casi todo es un negocio, “follow the money” y descubrirás la verdad 😉 

Tras todo el día untándose en crema (y evitando la síntesis de vitamina D), igualmente se ha quemado. Eso hace que la piel se inflame (y se sume al ya estado proinflamatorio que lleva esa persona de sus malos hábitos, los cuales por cierto, a nivel alimentario empeoran en las vacaciones de verano, ya que como “es fiesta” come y bebe más de lo habitual). 

Durante toda la primera semana nuestro amigo sigue quemándose y utilizando crema, aumentando la inflamación cada vez más, y además bloqueando, con la crema, el efecto también protector del sol. Por lo que acaba solo recibiendo “la parte mala” irritando e inflamando la piel. 

Tras la primera semana, pasa a utilizar protección 30 porque ya está más acostumbrado/a, pero sigue untándose diariamente. Por lo que acaba el verano con un nivel de vitamina D casi igual al que empezó. La vitamina D, una molécula esencial para la correcta salud. Pasado este mes de verano, vuelve a repetir el proceso al año siguiente, al siguiente, etc. 

Aquí lo que tenemos es una mala relación con la exposición solar y una inflamación sistémica de base, provocada por los malos hábitos de vida, que aumenta las posibilidades de padecer cualquier enfermedad. 

Y esto nos lleva, a finalmente tener mayores posibilidades de padecer un cáncer de piel. Y ahora la pregunta que nos tenemos que hacer es: ¿ha sido el sol el culpable de que hayas desarrollado este cáncer? ¿Si te hubieras expuesto regularmente y con consciencia durante el resto del año, y además tuvieras buenos hábitos de vida, habrías desarrollado la enfermedad? Creo que puedes intuir la respuesta. 

Rotundamente NO. Las posibilidades de padecer este cáncer habrían sido extremadamente bajas. Y al final del año, te habrías expuesto más horas al sol en el segundo caso que en el primero. Por lo que el sol no es el culpable. 

Y dirás, vale, ¿pero cómo soluciono esto? ¿Qué he de hacer para que no me pase? ¿Cómo puedo tener una buena relación con el sol? 

Ahora vamos a ello 🙂 

6

La correcta relación con el sol para aumentar la salud y evitar las enfermedades.

Primero de todo tenemos que entender que la mayoría de los que estamos leyendo esto no vivimos en entornos naturales que favorezcan la correcta relación con el sol. Vivimos en ciudades o tenemos estilos de vida, por el trabajo o por la conciliación familiar, que hacen que tengamos que estar mucho tiempo en interiores y dificulten la exposición solar regular. 

Todo y así vamos a ver que podemos hacer al respecto, y como podemos mejorar nuestra relación con el sol para poder así aprovecharnos de la mayoría de beneficios que nos aporta nuestro astro favorito y alejarnos de los problemas que nos puede dar la mala relación con él. 

Para empezar vamos a basarnos en el ejemplo expuesto arriba, para tratar de mejorar ese día a día y mejorar la relación con el sol y la luz natural y artificial. 

Primera hora de la mañana: 

Lo ideal al despertar sería, antes de abrir luces artificiales o chequear el teléfono móvil, salir a la ventana o balcón y mirar el cielo un ratito, para que la luz natural entre en tus retinas e informe a tu organismo del momento del día en el que te encuentras. 

Después podría ser buena idea dar un pequeño paseo por el exterior y luego ya volver a casa y preparar el desayuno e ir a trabajar. 

La luz solar es un potente regulador de los ritmos circadianos, por lo que pasar el mayor tiempo posible en el exterior dará una información valiosísima a tu organismo para ayudarle a mantener los ciclos de sueño/vigilia estables. 

Dado que muchos de nosotros no podemos estar muchas horas en el exterior por nuestros tipos de trabajo, pequeñas acciones como la antes comentada, repetidas a lo largo del tiempo, pueden ayudar a mejorar la salud más de lo que podamos imaginar. 

En el trabajo:

Las horas del medio día son las que el sol emite más luz azul (la misma que está en mayor presencia en las luces blancas de oficina y en las pantallas de nuestros dispositivos), por lo que el impacto dañino de las luces artificiales se ve acentuado a primeras y últimas horas del día. Ahí cobra especial importancia vigilar y tratar de minimizar la cantidad de exposición a este tipo de luces. 

En la oficina probablemente no podrás convencer a tu jefe para que ponga una luz más tenue (o si, todo es probarlo), pero en tu casa si puedes instalar luces más cálidas o comprar leds RGB como estos, que puedes cambiar el color de la luz y la tonalidad, para utilizar luces más cálidas a medida que avanza el día y usar luces rojas para la noche. 

La luz roja está en mayor presencia en las primeras y últimas horas del día, y poner este tipo de luz en el final del día ayuda a mejorar la liberación de melatonina y tener un mejor sueño nocturno, a diferencia de utilizar luces blancas, las cuales tienen una cantidad de luz azul enorme, la cual hará que se inhiba la producción de melatonina. 

En cuanto al trabajo, si trabajas en ordenador, tenemos diferentes opciones. 

Podemos poner mayor calidez a la pantalla, para que emita menor luz azul, sobre todo a medida que avance el día.  Nos ayudará tanto a no fatigarnos tanto trabajando, como a no desregular tan fuertemente los ritmos circadianos. 

Por otro lado, podemos utilizar gafas bloqueadoras de luz azul como estas, que parecen gafas normales. Las hay más eficaces, como estas, pero quizás con esto en la oficina te miren un poco raro. Sería interesante utilizarlas sobre todo a partir de la tarde.  Luego hay marcas como esta, que son algo más caras pero también de mayor calidad. 

Por otro lado, al medio día, cuando vas a hacer el menú con los compañeros, una muy buena decisión (aparte de comer lo más saludable que puedas), es tratar de buscar una terraza donde pueda tocarte el sol. Sí, sé que puede ser incómodo estar comiendo con el sol dándote en la cara, pero si nos basamos en el ejemplo de arriba, probablemente sea el único momento del día en el que te va a tocar el sol directamente, no lo desaproveches. 

Al salir de trabajar:

Sales por la tarde y te vas a hacer spinning al gimnasio los martes y los jueves, está bien que hagas deporte, aunque para mejorar más la salud también añadiría ejercicio de fuerza ;P 

Los días que no vas, si aún hay sol cuando acabes de trabajar (sobre todo en verano que los días son más largos), trata de dar un paseito al aire libre en vez de ir directamente al coche para ya ir a casa. O incluso siéntate en algún banco que te dé un ratito la luz del sol directamente. 

Llegando a casa:

Una vez llegues a casa, como ya es tarde, lo ideal sería utilizar luces tenues y cálidas (idealmente rojas) y evitar las luces blancas con mucha fuerza. Este tipo de luces cálidas no afectarán tan negativamente a la liberación de melatonina por parte de tu organismo, factor clave para tener un buen descanso. 

Todo y así, utilizar las gafas bloqueadoras de luz azul en esas horas también podría ser una buena idea. Sobre todo si has de utilizar el ordenador o el móvil por temas de trabajo. En este último caso recuerda programarlos para que emitan una luz más cálida a partir de las 18-19 h. Si no los necesitas, lo ideal sería no hacer uso de ellos mínimo 1 hora antes de ir a dormir. 

Lo mismo con la televisión. Sé que te apetece mucho mirar tu serie favorita, pero si no consigues dormir bien no te está ayudando en nada. Cámbiala por un buen libro y notarás la diferencia. Ya tendrás tiempo el fin de semana para mirar la serie. Hoy en día, al existir las plataformas de streaming no necesitas estar en directo “el día que dan la serie” o tener que grabarla en VHS, ¿qué tiempos aquellos eh? 

Hora de dormir: 

Al tener la tele apagada por la noche seguramente irás a dormir antes y tendrás un mejor sueño nocturno, por lo que te levantarás con mayores niveles de energía al día siguiente que te permitirán afrontar el día con mayor motivación, tanto para el trabajo como para aplicar estos hábitos saludables que estamos comentando. Es cuestión de entrar en el círculo virtuoso. Verás que a medida que vayas incorporando nuevos hábitos y estos se mantengan a lo largo del tiempo, inconscientemente irás cambiando más cosas. 

Vale…¿Pero sigo sin casi tomar el sol no? 

Correcto, sí, ya he comentado que hay casos en los que exponerse diariamente de forma regular, es muy complicado. Pero fíjate en la diferencia entre el primer caso, en el que apenas le tocaba el sol por la ventanilla del coche y estaba constantemente expuesto a las luces artificiales, al segundo caso, el cual toma el sol aunque sea mientras come, o trata de dar un paseito al final de la jornada laboral. 

Esos 10-15-30’ diarios de exposición, aunque solo sean en cara y manos, van a suponer una gran diferencia al final del año. 

Un inciso por cierto, aparte de no untarte en crema, si quieres asimilar vitamina D y regular tus ritmos circadianos no te pongas gafas de sol. Solo úsalas cuando sea estrictamente necesario. Por la retina también absorbemos la energía del sol.  

Entonces, esta persona, que ahora toma el sol con regularidad (aunque esté nublado) casi cada día entre semana, ¿cómo puede seguir optimizando su relación con el sol? Pues aprovechando los fines de semana en los que hay más tiempo libre normalmente, para exponerse más al sol y pasar más tiempo al aire libre. 

Si eres autónomo como yo (te mando ánimos) y muchos fines de semana tienes trabajo de ordenador, trata de trabajar en el balcón si tienes, para tomar el sol mientras trabajas, o puedes ir a una terraza de algún bar a trabajar. 

Y el tiempo que te quede libre el fin de semana trata de utilizarlo para hacer actividades al aire libre, idealmente ir a caminar por la montaña o ir a la playa. De esta manera mantienes una mayor regularidad a la exposición solar. Que aparte de prevenir el cáncer te va a traer una serie de beneficios que veremos más adelante. También te aprovecharás de los beneficios del contacto con la naturaleza, que no si tomas solamente el sol en el balcón. Aunque esto nos daría para otro artículo, así que sigamos con nuestro querido sol. 

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Vale, pero me habías dicho ¿qué no se puede tomar mucho sol de golpe no?

Correcto, cuando digo que vayas a la playa el fin de semana, no me refiero a lo que precisamente decía que no había que hacer, que es pasar de 0 a 100. Teniendo en cuenta que entre semana te vas exponiendo regularmente esos 10-30’ en cara y manos, tu cuerpo no está muy entrenado a recibir la luz solar. Por lo que el fin de semana, cuando vayas a la montaña o a la playa, hazlo de forma progresiva, los primeros días, poco rato, y combinando el uso de ropa con mayor exposición corporal, o la sombrilla en el caso de la playa. 

También puedes utilizar cremas solares con filtros físicos, no químicos, los cuales no perjudican la salud de la misma manera, aunque igualmente van a bloquear la sintetización de vitamina D, por lo que lo ideal sería utilizarlas una vez ya hayas estado mínimo 20’ de exposición sin crema. 

A medida que vayas tomando el sol con regularidad tu piel irá creando las protecciones necesarias creando lo que se conoce como «callo solar”. Por lo que cada vez podrás estar más tiempo debajo del sol sin problema alguno y sin quemarte. Si puedes exponerte diariamente mucho rato, llega un momento en el que no puedes quemarte por horas que estés (entiéndeme, si te vas al desierto sí, estoy hablando de un sol “normal de verano”). 

Eso, combinado con un resto de hábitos saludables, buena alimentación, ejercicio físico, etc. Hará que sea casi imposible que desarrolles el temido cáncer de piel por muchas horas que estés expuesto o expuesta. La exposición regular al sol te mantendrá mucho más saludable que la no exposición, primero por mantener unos niveles de vitamina D óptimos y segundo por mantener una mejor regulación de los ritmos circadianos. Por lo que la exposición solar bien gestionada, te va a proteger del cáncer, no te lo va a provocar. 

Y ahora sigamos con los beneficios que nos trae el sol.

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Beneficios de la exposición solar 

  • Regulación de los ritmos circadianos 
  • Optimiza la liberación de melatonina 
  • Mejora niveles de vitamina D
  • Ayuda a mantener los huesos fuertes
  • Reduce la inflamación
  • Mejora el estado de ánimo
  • Ayuda a metabolizar mejor los hidratos de carbono 
  • Optimiza los niveles hormonales 
  • Ayuda a la utilización del colesterol para la creación de hormonas
  • Una exposición regular reduce las posibilidades de padecer enfermedades 
  • Potencia el sistema inmune 
  • Reduce el estrés y el insomnio 
  • Reduce la fatiga ocular 

Segunda parte

En la segunda parte veremos más detalladamente los beneficios de la exposición solar y profundizaremos algo más en temas como por ejemplo, ¿por qué hay tanto déficit de vitamina D en un país con tanto sol como España. Y qué problemas puede traer esto. 

Y tú, ¿tomas el sol con regularidad?

Déjanos tu comentario abajo, te leemos 🙂

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