Kinesiofobia. Qué es, qué consecuencias tiene y qué podemos hacer para evitarla

En este artículo abordaremos la kinesiofobia. Entendiendo que es y como podemos combatirla.
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4 minutos

Cuando sufrimos una lesión, se produce una respuesta del cerebro en forma de dolor, más o menos intenso, según el caso. Cuando el dolor es muy agudo o se mantiene durante un largo periodo de tiempo, nuestro cuerpo tiende a protegerse a corto plazo, alterando los patrones de movimiento aprendidos y evitando posiciones o movimientos que provoquen esta respuesta dolorosa. Pero… ¿Es esto bueno? ¿O acaso nos estamos resignando a vivir con dolor y/o con limitaciones?

¿Qué es la Kinesiofobia?

Esta respuesta es lo que se conoce como Kinesiofobia o miedo al movimiento. Suele aparecer asociada a lesiones agudas (esguinces, luxaciones, lumbalgias agudas…) y se trata de un miedo inconsciente y limitante que nos impide realizar movimientos que previamente han provocado dolor. 

En muchas ocasiones, el problema viene de las primeras fases de la lesión donde el dolor es muy agudo y queda grabado en la memoria del lesionado, de manera que un movimiento queda asociado a una respuesta dolorosa. Si no tratamos este problema desde fases iniciales, este dolor se puede ver agravado y/o convertirse en un dolor crónico, retroalimentado por las limitaciones de movilidad consecuentes y apareciendo la kinesiofobia.

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¿Qué consecuencias tiene la kinesiofobia?

Tras sufrir una lesión, es normal que haya un primer periodo de inmovilización parcial o total, ya que la zona podría estar muy inflamada y el dolor será muy agudo. Este periodo suele durar entre 24 y 72 horas en la mayoría de los casos (¡Cada lesión es diferente! Consulta con tu médico y/o fisioterapeuta para orientarte sobre cuánto debe durar este periodo de inmovilización). Tras esta fase inicial, debemos comenzar a mover la estructura lesionada o las consecuencias de la inmovilización comenzarán a notarse. Atrofia de los tejidos, pérdida de la masa muscular o rigidez articular son algunas de ellas.

Es importante entender que la percepción del dolor es diferente en cada persona y en ningún momento subestimar su aparición. El dolor que aparece es real, pero es necesario comprender si el dolor es provocado realmente por una estructura que está dañada y no puede realizar según qué acciones, o si por el contrario el dolor viene de una percepción de incapacidad o el miedo a realizar determinados movimientos que en su día provocaron un dolor muy agudo. Entender el proceso del dolor y cambiar nuestra relación con él sentará una base estupenda para poder encarar la recuperación de la lesión de una manera mucho más beneficiosa y no caer en la kinesiofobia.

Artículo Kinesiofobia Fit and Friends

¿Cómo afrontar esta situación?

Cuando nos encontramos con una lesión aguda, es importante no extender el periodo de inmovilización más allá de lo estrictamente necesario y comenzar a movilizar la zona lesionada poco a poco y dentro de unos parámetros de dolor muy bajos. Es normal que puedan aparecer ligeras molestias, pero esto no debe amedrentarnos, hay que afrontar de manera valiente nuestra recuperación. ¡Ojo! Es importante controlar la carga y el volumen en esta movilización y en los ejercicios posteriores durante la recuperación. Tanto pasarse como quedarse corto en estas variables pueden ser factores que ralenticen nuestra recuperación. Para ello existen profesionales que pueden ayudarnos a controlar y gestionar nuestro proceso de recuperación/readaptación.

Como profesional del entrenamiento, siempre animo a mis entrenados a poner a prueba la articulación lesionada desde el minuto uno. Una conversación rápida y una observación de los patrones de movimiento al caminar, pueden dar muchísima información de primeras y nos puede permitir comprender qué movimientos asustan al individuo.

Buscar movimientos cotidianos y naturales es uno de mis objetivos principales en la primera sesión. Apoyar los pies en el suelo, caminar, sentarse y levantarse, un pequeño empuje o una pequeña tracción son acciones simples que según la lesión podemos intentar buscar en una primera fase, evitando compensaciones y movimientos “extraños”. 

Conseguir realizar movimientos cotidianos y familiares que nos han provocado dolor, sin que ello tenga consecuencias catastróficas, es un refuerzo muy positivo para el lesionado y le permitirá aumentar su confianza en el proceso y en sí mismo.

Fit and Friends Kinesiofobia 1

Conclusión

El padecimiento de kinesiofobia es una experiencia multifactorial y hay muchas variables que pueden afectar a la mejora o el empeoramiento de la situación. Hay evidencia de que altos niveles de estrés y/o ansiedad pueden favorecer la aparición de kinesiofobia tras una lesión. Otros factores como el sexo o la calidad del sueño también parecen tener cierta importancia.

Para mí, lo más importante es no resignarse a convivir con el dolor o la limitación y ponernos a trabajar con los medios a nuestro alcance para mejorar nuestra calidad de vida. Hay muchos profesionales de la salud (Entrenadores, Fisioterapeutas, Psicólogos…) que pueden ayudar en tu proceso de recuperación y hacer que te vuelvas a sentir igual o mejor que antes. Volver a disfrutar de la actividad física es clave en el mantenimiento de la salud conforme pasan los años y tener un cuerpo fuerte es tener un cuerpo sano y útil. ¡No te conformes con el dolor y las limitaciones derivadas del mismo! ¡Ponte en marcha y todo comenzará a ir sobre ruedas!

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 canva.com

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