Meditación

Te explicamos como iniciarte en la práctica de la meditación y cuales son sus beneficios
Escrito por: Toni Pueyo
Tiempo de lectura:
7 minutos

Qué es la meditación

La meditación es una práctica en la que inducimos al organismo a un estado de calma y consciencia, mediante la atención plena y el silencio. Existen muchas prácticas diferentes, aunque los beneficios son muy similares. 

Beneficios de la meditación 

  • Mejora tu respiración: por el estrés muchas veces tenemos la respiración agitada, la práctica de la meditación estabilizará nuestra respiración. 
  • Calma la ansiedad, el estrés y los nervios: la meditación nos ayudará a controlar el cortisol y por ende reducir el estrés. 
  • Te ayuda a conectar contigo mismo: muchas veces necesitamos estímulos externos constantes para distraer la mente, evadirnos de nuestros pensamientos y desconectar de nuestra realidad. Esto puede ser adictivo. Parar y escucharnos a nosotros mismos puede calmar esa necesidad de parchear constantemente. 
  • Te ayuda a relativizar los problemas: cuando meditas te das cuenta de que lo único importante es el momento presente, con lo que los problemas se ven de otra manera y te ayuda a relativizarlos. No desaparecen, pero sí puedes cambiar tu actitud hacia ellos. 
  • Reduce la tensión arterial: al reducir el estrés nuestra presión arterial bajará a niveles saludables si la teníamos alterada por este motivo. Gente con tendencia a la hipertensión puede controlar mejor los niveles si hace meditación. Y para prevenir también está bien 😉 
  • Mejora tu sistema inmunológico: la calma y la bajada de cortisol permite que el cuerpo recupere y optimice sus funciones, entre las cuales está la del sistema inmune también.  
  • Mejora tu estado de ánimo: al darte un espacio de cuidado personal te das mayor importancia y te mimas, con lo que tu estado de ánimo se verá influido positivamente, dándote más calma interior y mayor bienestar físico y emocional. 
  • Aumenta tu creatividad y capacidad de aprender: si tu mente está en calma la creatividad aflora. Muchos de los grandes artistas hacen retiros para escribir libros o se evaden del exterior para crear sus obras. Sea lo que sea que te traigas entre manos funcionará mejor si tienes tu mente calmada y libre para expresarse 🙂  

Cómo empezar a meditar

Si te has interesado por la meditación alguna vez probablemente te hayas planteado muchas dudas… ¿Cuál es la mejor posición para meditar? ¿Cuánto tiempo debería meditar? ¿Qué pasa si no consigo dejar la mente en blanco? ¿Cuándo notaré los resultados? ¿Es mejor hacer una meditación guiada o en silencio?

Pasa a la acción 

Verás, lo más importante es empezar. Olvídate de la posición perfecta, el ambiente adecuado, el tiempo correcto y cómo la estés haciendo. Simplemente hazla. Eso ya es el primer paso. 

He leído muchos libros al respecto de varios autores diferentes (Joe Dispenza, Mario Alonso Puig, Pablo d’ors…), y al final en lo que coincide la mayoría es en la importancia del silencio, de la pausa. Obviamente hay posiciones que favorecen la relajación, la cantidad de luz, el ambiente, etc. Pero hay algo que es mágico de per se, el silencio, la pausa, el recogimiento. Vivimos en un ambiente que nos incita a la acción constante y a los estímulos diversos, dificultando nuestra capacidad de vaciar la mente y simplemente estar en el presente. 

El hecho de parar, sentarte, apagar la luz y observar tu respiración, por poco tiempo que sea, es una pausa a esta ajetreada vida, y esta pausa va a traer muchos más beneficios de los que puedas pensar. 

Empezar es la parte difícil 

Al principio se hará duro, difícil, incómodo. No es fácil estar con uno mismo y todos los pensamientos que vienen a tu mente, pero poco a poco irás descubriendo la magia del silencio y estarás agradecido de haber empezado esta práctica. 

Hace años cuando empecé a meditar intentaba buscar, como comentaba arriba el ambiente perfecto, la meditación perfecta, el tiempo idóneo, etc. Pero no funcionaba. Lo hacía un día sí y 15 no (con suerte). Hasta que un día alguien me dijo, prueba a tumbarte en el suelo, hazte el muerto, nada más. Y ahí es donde empezó a fluir, donde empecé a disfrutar de esta práctica. 

Llegaba a casa del trabajo y lo primero que hacía era tumbarme en el suelo con una esterilla con los ojos cerrados hasta que me apetecía levantarme. Eso empezó a traerme el primer beneficio rápidamente: una pausa entre el trabajo y el hogar. Siempre llegaba “corriendo” a casa con la inercia del estrés laboral para cenar rápidamente, preparar las cosas del día siguiente e ir a dormir casi sin darme cuenta de que estaba en casa, pasando de puntillas del trabajo a la cama. 

Empezarás a sentir beneficios si eres constante

Empecé a dormir mejor incluso, que es un tema importante para mí, ya que años atrás he sufrido insomnio fuerte (la meditación como hemos visto puede mejorar el sueño nocturno). 

Esa pausa hacía que cenara más lentamente y que me sintiera más relajado. Me empezó a gustar la práctica e incluso empecé a desear que llegara el momento de tumbarme en el suelo, era mi momento de conexión conmigo mismo. 

Llegaba del trabajo, me estiraba en el suelo y respiraba, nada más. 

En ese momento sentía mi cuerpo contra el suelo, escuchaba mi respiración, agitada, corta, notaba mis tics en el cuerpo. Mis pensamientos a mil revoluciones por minuto. Todo eso iba poco a poco disipándose, me iba relajando minuto a minuto. Incluso al tumbarme empezaba a sentir dolor en las manos, espalda, cervicales, dolor como si tuvieran una gran tensión, y a medida que avanzaban los minutos iban bajando poco a poco, woow, pasaban muchas cosas durante la práctica de simplemente estirarse en el suelo. 

Sé constante 

A raíz de repetir y repetir diariamente cada vez fue gustándome más esta practica, hasta que al final la integré en algo diario, no me lo salto nunca, ningún día del año fallo a mi pequeña pausa conmigo mismo. 

Hay días que estoy 6’, otros 15’, algunos 45’ o incluso más. Lo habitual rondará los 10-15’. Ahora dirás, ¡¡pero eso es muy poco!! bueno 15’ es mucho más que 0’ 😉 Y 15’ multiplicado por 365 días que tiene el año nos sale una práctica de 91h de meditación al año, ¿ahora ya no parece tan poco eh? Si estuvieras 91h al año tocando el piano, ¿en un par o tres de años te defenderías ya verdad? tenemos que tener visión a largo plazo, perfeccionar, entender y amar una practica requiere de trabajo, constancia y perseverancia. Si solo hiciera meditación cuando dispusiera de las ganas y la motivación para hacer 1h seguida, lo haría 1 vez al mes y eso si que te aseguro que no serviría de mucho. 

Encuentra tu manera ideal 

Mi manera ideal con la que he entrado en esta práctica ha sido con la posición tumbado en el suelo boca arriba, ojos cerrados y sin intentar dejar la mente en blanco, simplemente estando, yo conmigo mismo. No será la mejor manera (tampoco la peor), pero es la mía, la que me funciona, y la voy mejorando poco a poco, voy cambiando de tanto en tanto también. Hay días que la hago sentado, hay días que la hago guiada, depende de cómo me apetezca, pero lo hago, cada día, sin excusa. 

Gracias al gran poder de los hábitos, al hacer cada día meditación pase lo que pase, sean 6-10-15 o 60’, vas a mejorar y a encontrar tu manera. No busques la manera ideal, la manera ideal te encontrará a ti. Pero para ello has de probar. Si no estás cómodo sentado en el suelo, prueba en un cojín, o en una silla, o túmbate en el suelo… experimenta, déjate llevar. 

Y además como lo vas a integrar diariamente será más fácil que ciertos días el cuerpo te pida hacer meditaciones muy largas y las disfrutes mucho más que si solo hicieras pocas veces al mes buscando la perfección en esta práctica. 

Creo que la meditación es algo intrínseco en el ser humano, algo innato, todos sabemos meditar, simplemente necesitamos aprender a dejarnos llevar. 

Imagen |

 Unsplash

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